martes, 3 de junio de 2008

Las palabras y las cosas

Se sabe que en los tiempos primitivos, el hombre confundía las palabras y las cosas representadas por dichas palabras.
Hoy también sabemos que el lenguaje no nombra alguna idea perfecta a la manera platónica, ni un arquetipo, ni una esencia de las cosas, ni se identifica con los objetos mismos. El lenguaje simplemente es un modo convencional de clasificar e identificar entidades.
Estas confusiones, que en el medioevo dió lugar a la llamada "disputa de los universales¨, la resolvió finalmente en el siglo trece, el ilustre Guillermo de Occam, quien negó la existencia de los universales en la naturaleza.
Para Occam solo los seres individuales pueden conocerse directamente, y este es el único conocimiento confiable. La ciencia entonces no puede apoyarse en los universales ya que no tendría validez. Debe entonces el científico utilizar los conceptos universales como herramienta de su entendimiento, pero debe siempre referirse a cosas singulares. La lógica, que es un resultado de la abstracción, aplica su análisis a la ciencia y por lo tanto entra a analizar los universales a los cuales toma como formas mentales portadoras de significado, pero este significado es resultado de la abstracción que es simbólica.
Sin embargo, y a pesar de tanto escrito y reflexionado sobre estos temas, la primitiva identificación entre palabra y cosa, subsiste hoy en día en ciertas comunidades primitivas y ciertas mentes religiosas o supersticiosas.
Estas inclinaciones irracionales, no parecen ser la costumbre de Norma Boero.
O si.
En los discursos pronunciados con motivo de un nuevo aniversario de la CNEA, la Presidenta Norma Boero decidió utilizar la palabra "desvíos", cuando debió utilizar la palabra "corrupción", para tipificar los hechos ocurridos durante la gestión pasada.
Quien no se atreve a mencionar la corrupción, parece destinado a no tocarla.
No debe sorprender esto, pues en su mismo discurso la Presidenta dijo contar con todo el apoyo del Ministro De Vido.
Lo que no dijo, tal vez, es que ese apoyo está condicionado a que no se sepa demasiado cuanto se corrompieron los ex funcionarios y actuales funcionarios de la CNEA.

Para el pensamiento mágico o primitivo, los nombres no son símbolos arbitrarios sino parte vital de lo que definen. Asi, los aborígenes de Australia reciben nombres secretos que no deben oir los individuos de las tribus vecinas. En los conceptos de calumnia o injuria perdura esta superstición o su sombra; NO TOLERAMOS QUE AL SONIDO DE NUESTRO NOMBRE SE VINCULEN CIERTAS PALABRAS.

Jorge Luis Borges
Historia de los ecos de un nombre.

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